Bernardo Torres Morales
Chilpancingo, Gro., 09 de abril (PlanB).- Un incendio fuera de control que inició el pasado 04 de abril ha reducido a cenizas 385 hectáreas de bosque de pinos y encinos en los muncipios de Cochoapa el Grande, Metlatónoc, Igualapa y Tlacoachistlahuaca de la Montaña y Costa Chica de Guerrero.
De acuerdo con el Centro de Derechos Humanos «Tlachinollan», las llamas, sin tregua, permanecen consumiendo hasta la última hoja de los pequeños árboles y animales.
Los habitantes de las comunidades más perjudicadas como El Capulin, municipio de Tlacoachistlahuaca; Chimalapa, municipio de Igualapa; Llano Perdido, municipio de Cochoapa el Grande se han organizado para sofocar el siniestro.
Sin embargo, el terreno accidentado y de difícil acceso en las hondas barrancas y laderas empinadas hace complicado combatir un incendio porque, además, se suma el golpe de calor y los fuertes vientos.
Relatan que los cerros están cubiertos de una enorme nube blanca y bajo de ella miles de insectos, cientos de animales y reptiles han sido alcanzados por el siniestro de grandes magnitudes.
En la noche de este 08 de abril se tenía un 60 por ciento de control y un 50 por ciento de la quema “liquidada”, en seis días no se ha podido combatir el fuego a pesar de las brigadas de la Comisión Nacinal Forestal (CONAFOR) de Tlapa, una brigada municipal de Tlacoachistlahuaca, Protección Civil Municipal de Cochoapa el Grande, Protección de Alcozauca, voluntarios y pobladores de las comunidades indígenas.
En el combate se están usando “herramientas especializadas y tradicionales: McLeod, machete, escoba metálica, rastrillos y en algunas ocasiones los pobladores llevan bombas para fumigar y las ocupan para arrojar agua”, comenta un testigo que ha estado participando.
En estos meses con el calor sofocante y los vientos fuertes los incendios son abundantes, no sólo por la quema de tlacolol de mayo y junio para la siembra de maíz, frijol y calabaza, sino por multifactores de poca corresponsabilidad.
Tlachinollan señala que hasta el momento, las autoridades no han tenido la capacidad para controlar los incendios que cada año se repiten en temporadas de secas, donde los pobres y los indígenas pagan las consecuencias.