Entrega diócesis Chilpancingo-Chilapa 5 toneladas de ayuda a familias desplazadas

Jesús Saavedra

Chilpancingo, Gro., 20 de mayo (PlanB).- La diócesis Chilpancingo-Chilapa informó que hasta el momento se han entregado 5 toneladas de víveres, artículos de limpieza, medicamentos y apoyos de primera necesidad para las familias desplazadas por la violencia en la zona nahua de Chilapa hacia Ahuacotzingo.

La diócesis indicó que esa ayuda «representa no solamente apoyo material, sino también el testimonio de una Iglesia que quiere permanecer cercana al sufrimiento de su pueblo».

Este miércoles a través de un comunicado, sostuvieron que la «iglesia que peregrina en la diócesis Chilpancingo–Chilapa lleva en el corazón el sufrimiento de cada familia que ha tenido que abandonar su hogar, separarse de su comunidad o vivir en medio del miedo y la preocupación».

Indicaron que saben «que ninguna ayuda material puede borrar completamente el dolor de dejar atrás la tierra, la casa, los recuerdos y la tranquilidad de la vida cotidiana; sin embargo, deseamos que cada gesto solidario sea también un signo de cercanía, fraternidad y esperanza».

Recordaron que en esa zona de familias desplazadas por la violencia «las necesidades continúan siendo grandes. Muchas familias siguen requiriendo alimentos de la canasta básica, productos de higiene personal, medicamentos y diversos artículos esenciales para enfrentar esta difícil situación. Por ello, hacemos un llamado fraterno a continuar sumando esfuerzos solidarios en favor de quienes más lo necesitan».

Recordaron que cualquier apoyo que la población quiera destinar para las familias desplazadas las puede entregar en cualquiera de las parroquias de la diócesis, en el Seminario de Chilapa o en la Parroquia de La Candelaria de la comunidad de Atzacualoya, espacios que han sido habilitados como centros de acopio.

Finalmente, reafirmaron que como iglesia católica seguirán «acompañando pastoral y humanitariamente a las familias afectadas. Queremos caminar junto a ustedes, escuchar sus necesidades, compartir sus preocupaciones y sostener la esperanza de que tiempos mejores pueden llegar para nuestras comunidades. Jesucristo nos enseñó a permanecer cerca de quienes sufren y a no ser indiferentes ante el dolor humano. Por eso hoy queremos acercarnos humildemente a ustedes para decirles que cuentan con nuestra oración, nuestra solidaridad y nuestro acompañamiento.

Pedimos a Dios que fortalezca sus corazones, proteja a sus familias y conceda paz a nuestra tierra guerrerense. A nuestros hermanos y hermanas que viven momentos de dolor, incertidumbre y desplazamiento en las comunidades de la Montaña Baja de Guerrero queremos decirles, ante todo, que no están solos».

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