Da igual si estás en el extranjero o en tu propia casa viendo un video en otro idioma; la posibilidad de intercambiar ideas, sentimientos y conocimientos es cada vez más universal.
Por Miguel Ángel Millán*
* Miguel Ángel Millán es interventor educativo con discapacidad y asesor en tecnología adaptada.
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Hay una sensación de desamparo muy real que solo aparece cuando aterrizas en un país extraño y te das cuenta de que no entiendes ni una sola palabra de las que dicen a tu alrededor. Es ese momento de confusión al mirar un cartel que parece un dibujo abstracto o al escuchar a la gente hablar y sentir que hay un muro invisible entre ellos y tú.
Durante mucho tiempo, dábamos por hecho que el idioma era una barrera que solo se podía saltar estudiando años o cargando con un diccionario pesado. Sin embargo, lo que está pasando hoy con la tecnología parece sacado de una película.
Google ha logrado que su traductor deje de ser una simple aplicación para buscar palabras sueltas y se convierta en algo que casi parece una persona ayudándote al oído.
Casi todos hemos usado la aplicación para cosas básicas, como entender qué dice el instructivo de un aparato usando la cámara o escribir una frase rápida para enseñársela a alguien. Eso está muy bien, pero la verdadera revolución ha ocurrido en la forma en que hablamos con los demás.
Recuerdo perfectamente mi primer viaje solo a Estados Unidos; mi inglés era bastante básico, así que el traductor fue mi mejor amigo para poder moverme por ahí. Pero, siendo sinceros, en aquel entonces era un proceso muy tedioso. Era como usar esos viejos walkie-talkies: Yo hablaba, esperaba a que la aplicación procesara, sonaba un tono y entonces la otra persona podía responder. No era una charla, era un intercambio de frases cortadas que le quitaba toda la gracia a conocer a alguien nuevo.
Por suerte, esa espera tediosa que marcaba los turnos ya es cosa del pasado. Con la llegada de Gemini al traductor de google, todo se ha vuelto mucho más natural. Lo que más me gusta es que ya no tienes que estar pendiente de cuándo te toca hablar. La función es lo suficientemente inteligente como para llevar el ritmo de la charla por su cuenta.
Pero lo que de verdad me dejó con la boca abierta fue la voz. Ya no suena como un robot sin sentimientos; ahora las voces imitan las expresiones y el tono de voz de la persona que está hablando. Si alguien se muestra sorprendido o te habla con alegría, la traducción suena así, con esa misma energía. El teléfono ya no solo traduce palabras, traduce la forma en que las decimos, y eso hace que la conexión con el otro sea mucho más real.
Esta evolución ha traído detalles que parecen pequeños, pero que en el día a día, se vuelven indispensables. Una de las mejores ideas que han tenido es la de poder separar el audio. Imagina que vas por la calle con tus audífonos puestos: puedes ir escuchando la traducción en tu idioma por ellos, mientras que la otra persona escucha lo que tú dices en su lengua a través del altavoz del móvil. Es una solución brillante porque evita ese lío de voces mezclándose que antes nos volvía locos.
Al final, lo que consigues es que la charla sea mucho más fluida y privada, permitiéndote mirar a la cara a la otra persona en lugar de estar los dos mirando fijamente la pantalla del teléfono, como si fuera un intruso en la conversación.
Pero he descubierto que este traductor no solo sirve para viajar. Últimamente le he encontrado un uso que me ha encantado: ver documentales o películas que no tienen doblaje al español. Como la traducción apenas tarda tres segundos en sonar y las expresiones son tan humanas, puedo seguir cualquier historia perfectamente, sin tener que depender de los subtítulos.
Es una maravilla poder entender una trama compleja o aprender algo nuevo simplemente escuchando, sin necesidad de que nadie más me lea lo que está pasando en pantalla. Te da una libertad que antes era impensable para cualquiera que no dominara el inglés.
Si quieres que la experiencia sea todavía mejor, especialmente para las personas que tenemos alguna discapacidad visual, tengo un consejo que marca la diferencia: usar audífonos de conducción ósea. Lo bueno de estos aparatos es que no te tapan los oídos. La traducción te llega a través de unas pequeñas vibraciones que viajan por tus huesos, lo que significa que puedes seguir escuchando el ruido de los coches, a la gente caminar o cualquier aviso del entorno mientras el traductor te va diciendo todo lo que necesitas saber. Es la combinación perfecta entre estar conectado con el mundo y tener a un intérprete personal que no te molesta en absoluto.
Al final del día, lo que estamos viendo es cómo la tecnología se pone por fin de nuestra parte para unirnos. Esas fronteras invisibles que nos separaban por el simple hecho de hablar distinto se están volviendo cada vez más delgadas.
Da igual si estás en el extranjero o en tu propia casa viendo un video en otro idioma; la posibilidad de intercambiar ideas, sentimientos y conocimientos es cada vez más universal.
Lo que antes nos parecía un milagro o algo imposible, hoy cabe en nuestro bolsillo. Es emocionante pensar que, gracias a estos avances, el lenguaje podría llegar a ser uno solo para todos.