La discapacidad y los recursos tenológicos en la pandemia

Por Miguel Ángel Millán

*Miguel Ángel Millán es interventor educativo y asesor en tecnología adaptada.


Ya ha pasado algún tiempo de la última ola del Covid 19 y pareciera que la pandemia por fin se ha superado; con ello todas las restricciones sociales y también el uso del molesto cubrebocas, pero recientemente un comunicado de la Universidad Autónoma de México (UNAM) nos recordó que el virus SARS Cov-2 está por ahí presente.

La experiencia hace imposible no preguntarse como sociedad si volverá el aislamiento social, si nuevamente se retomarán el home office y las clases en línea.

Pero ¿Qué sucede con las personas que vieron afectado su desarrollo académico o su fuente de trabajo con estas medidas? como las personas que no contaban con dispositivos inteligentes ni conexión a internet.

Entre estas también se encuentra un sector de la población invisibilizado sistemáticamente: la población con discapacidad, que en condiciones ordinarias no se les ha dotado de las herramientas necesarias para recibir una educación de calidad, ni mucho menos, para desempeñar un trabajo digno.

Por ello, desde Plan B Guerrero queremos hacer un llamado de atención a las instituciones públicas y privadas para que tomen cartas en el asunto y promuevan el uso de la tecnología entre las personas que presentan alguna discapacidad ya que actualmente existen herramientas de accesibilidad que permiten el uso de una computadora o teléfonos inteligentes.

Para usuarios con ceguera existen los lectores de pantalla, y lupas en pantalla para ampliar íconos para quienes presentan debilidad visual.

Hay también otras ayudas tecnológicas para personas con discapacidad motriz como los asistentes integrados a los sistemas operativos: Siri de Apple, Google de Android y Alexa de Amazon, por mencionar algunos.

Los dictados por voz son otra funcionalidad que permite la escritura más rápida de lo que se puede escribir manualmente y, por supuesto, textos descriptivos en pantalla que ayudan a usuarios sordos a tener conocimiento de los elementos acústicos provenientes del dispositivo o de su entorno.

Ciertamente no es algo que se aprenda de la noche a la mañana, ni mucho menos económico, pero si no empezamos como sociedad a hacer algo en conjunto, la brecha de marginación que separa la población con discapacidad de alcanzar una vida digna se hará aún mayor.

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