ROSALÍA EN LA CDMX, ¿DERECHO A LA CULTURA?

Dip. Citlali Calixto Jiménez

El pasado lunes 10 de abril las redes sociales se paralizaron ante el video de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, en el que anuncia el concierto gratuito de Rosalía en el Zócalo de la Ciudad el próximo viernes 28 de abril.

Polémica como la cantante, la noticia ha detonado una serie de comentarios en diversos sentidos. Desde quien reconoce el valor cultural de estas acciones, hasta quien critica el uso de recursos públicos para promover un concierto masivo. De tal manera, vale la pena preguntarnos, ¿qué implicaciones tiene la organización de este concierto?

Desde la Ciencia Política es importante recordar que los gobiernos tienen la tarea de gestionar el conflicto social al mismo tiempo que deben garantizar la cobertura de una serie de derechos inalienables que todas y todos tenemos por el simple hecho de ser personas. Uno de esos derechos es el derecho a la cultura, el cual está consagrado en nuestro artículo 4° Constitucional.

Pero, ¿qué es el derecho a la cultura? Recientemente en el Congreso del Estado las y los diputados tuvimos esa conversación al momento de analizar y votar la iniciativa por la que se reconoce el derecho a la cultura en nuestra Constitución. El dictamen que aprobamos lo definió como “el derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en el beneficio que de él resulten”.

Y entonces, ¿a qué artes nos referimos en el párrafo anterior? ¿Cuál es la vida cultural aceptada y cuál no? La respuesta resulta sumamente compleja, pues la cultura, el arte y sus diversas manifestaciones son tan diversas como diversas somos las personas.

Ya que el gusto se rompe en géneros, es importante enfocarnos en lo importante: más que en la manifestación artística misma, en los efectos producidos.

Es altamente conocido que la música produce varios beneficios para las personas como: mejorar el estado de ánimo, aumentar el optimismo, reducir el estrés y la ansiedad, mejorar la memoria y la cognición, calmar el dolor, reducir la depresión, facilitar el sueño e incentivar la socialización. De tal suerte, los conciertos tienen la cualidad de potencializar las interacciones sociales en un entorno donde la música se vuelve el común denominador entre las y los asistentes.

De tal manera, eventos de este tipo detonan vivencias que abonan al libre desarrollo de la personalidad de la ciudadanía. Y es tan respetable si la gente decide hacerlo asistiendo a un concierto de la Orquesta Filarmónica de Acapulco, o si decide hacer asistiendo al concierto de Grupo Firme. La mayor riqueza del arte y de la música es su diversidad, por lo que sería insensato y sumamente clasista aplaudir algunas muestras y satanizar otras.

Una vez establecido esto, vale la pena analizar otro de los cuestionamientos más recurrentes en redes sociales: su valor público. Existen fuertes críticas que cuestionan el uso de recursos públicos para llevar a cabo este evento en lugar de para atender otras temáticas prioritarias. La pregunta es válida: ¿debemos evitar gastar en cultura y recreación en tanto no se solucionen al 100% las problemáticas sociales que nos azotan?

La respuesta podría sorprender, después de todo, aunque el tema presupuestal siempre implica un problema de escasez (que el dinero nunca es suficiente para abarcarlo todo), tampoco se trata de una cuestión dicotómica. Invertirle a la cultura no está peleado con también invertirle a la educación, a la salud o a la seguridad. Prueba de ello es la histórica inversión que hizo la Dra. Claudia Sheinbaum de más de 2 mil 500 millones de pesos para mejorar los trenes del Metro de la Ciudad de México, así como la próxima inversión de 2 mil millones de pesos para adquirir nuevos equipos médicos y fortalecer los centros de salud.

No se trata de elegir entre problemáticas, sino de hacer estrategias para eficientar al máximo el recurso disponible. De tal suerte, valdría la pena dejar de ver el anuncio de la Jefa de Gobierno desde el clasismo y el conservadurismo, trascendamos a una mirada desprendida de prejuicios. ¿Cuántas y cuántos ciudadanos asistirán a este gran concierto? ¿Cuánto valor público se generará? ¿Cómo se detonará la economía local y el turismo?

Este tema tiene más aristas que las que muchas veces podemos apreciar en comentarios malintencionados de redes sociales que no buscan más que perpetuar una narrativa conservadora. Considerar la cultura y la recreación una cuestión no prioritaria no es más que una falacia del neoliberalismo que nos ha implantado la idea de que no hay nada más importante que producir y ser funcional al mercado.

De ahí que, al igual que la Jefa de Gobierno, su servidora también le apueste de manera continua a las muestras culturales como formas de hacer comunidad, de crear espacios de paz y de abonar a la reconstrucción del tejido social. Esfuerzos tan variados y gratuitos como una muestra cultural, un festival de cultura coreana o un concierto masivo de Rosalía son todos valiosos para la democratización de la cultura, para el acercamiento de las artes a la ciudadanía y para la desmitificación de la recreación como un privilegio reservado a los más ricos.

Que no nos sorprenda. Desde la Cuarta Transformación los paradigmas que nos hemos propuesto romper no son únicamente los políticos o económicos; son todos. La revolución de las conciencias implica cuestionar el conocimiento dominante que por años hemos reproducido. Reconocer la diversidad en la cultura, abrazar el legítimo derecho que tenemos las personas a la recreación, y destinarle presupuesto efectivo constituyen una inversión sin precedentes a favor de una nueva cultura de paz.

Entonces, si te gusta Rosalía, no dudes en ir a verla. Tienes derecho a hacerlo y no por eso se deja de invertir en los grandes temas que aquejan a nuestra sociedad. Y si no te gusta Rosalía, recuerda que existe un sinnúmero de posibilidades artísticas y culturales en la Ciudad al alcance de todas y todos.

Las personas tenemos derecho a la recreación, tenemos derecho a la cultura, tenemos derecho a ocupar el espacio público, tenemos derecho a la diversión. En ese sentido, que la Jefa de Gobierno invierta para garantizar la accesibilidad a conciertos para todas las personas es algo que, quienes ya nos hemos desprendido del pensamiento neoliberal, celebramos.

Síguenos en redes sociales:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Facebook
Twitter
Instagram